SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LAS IDEAS DE DERECHA DESDE LA REVOLUCIÓN FRANCESA HASTA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.
Por: Carlos Adrián Garaventa.
§1. Previo a explicar la evolución de las ideas de derecha es menester definir qué es la derecha. Los conceptos de derecha e izquierda fueron concebidos con
Según Norberto Bobbio, que realiza una clasificación actual de las ideas políticas, la distinción entre izquierda y derecha está dada por “[…] la diferente actitud que asumen los hombres que viven en sociedad frente al ideal de la igualdad […]”[2]; mientras que la izquierda tiende a ser igualitaria, la derecha es más desigualitaria, pero esto no significa que la primera pretenda la absoluta igualdad en todo y la segunda la absoluta desigualdad[3]. Este razonamiento viene dado por la imposibilidad que señala el autor de definir la igualdad, al que considera como un concepto relativo, no absoluto[4]. Ergo, diremos que algo es derecha o que es izquierda de acuerdo a lo que consideremos que es igualdad.
Tomando al liberalismo como eje, como hace Furet, clasificaré a sus dos reacciones opuestas: el comunismo a la izquierda y el fascismo a la derecha[5]. Como en el período temporal que analizaré —1789 a 1920— no había aparecido aún el fascismo (si el comunismo en 1917) hablaré de sus antecesores: conservadores, románticos contrarrevolucionarios, ultranacionalistas, racistas y antisemitas.
§2. Ya mencioné que el origen de la distinción de la derecha y la izquierda nace con
Entre los antecedentes de
§3. La primera derecha estuvo constituida, principalmente, por quienes habían sido quitados de su situación de privilegio: el clero y los nobles. Pero también los campesinos apoyaban a esta facción conservadora de la asamblea por la sencilla razón de que no eran una clase ilustrada como la burguesía y sus opiniones estaban formadas por sus amos (los nobles) y sus pastores (el clero).
Hacia abril de 1794 fueron guillotinados representantes tanto de la derecha como de la izquierda[9], lo que dio origen a lo que se llamó la época del terror y el avenimiento de Napoleón como el nuevo líder encargado del orden en Francia y que se encargaría de esparcir los ideales de la revolución por toda Europa.
Esta expansión de Francia conllevará a que en Alemania, viéndose invadido por su rival histórico, se desarrolle con gran fuerza un nuevo concepto de nacionalismo —diferente del nacionalismo francés originado en los ideales de inclusión de
§4. El pensamiento de la ilustración desarrollado en el Siglo XVIII que da origen a
Louis de Bonald, un noble francés exiliado en Alemania fue de los primeros en representar este movimiento. Caracterizaba a
Las ideas de Bonald fueron complementadas por Joseph de Maistre que tildaba a
§5. Como señalé anteriormente, la expansión francesa generó una reacción ultranacionalista. Este nuevo nacionalismo (cerrado) unificaba a todos los individuos que reunían determinadas características comunes en contra de quines no reunían dichas características. El ultranacionalismo servirá, por un lado, para frenar el avance de los ideales de
“Barrès concibe a la nación como el lugar trascendente en el que el hombre recibe tradiciones, historia, costumbres, seguridad y sentido de permanencia. Estar arraigado es una necesidad para el individuo, porque el hombre no es duelo de sus pensamientos y emociones, sino tan sólo un vehículo de las fuerzas producidas por la colectividad. La raza y no el individuo, es la unidad de grupo histórica y viva”[14].
La transformación reaccionaria del nacionalismo culminará con Charles Maurras, éste odia profundamente al capitalismo por imponer el culto al dinero, y a la democracia por corroer la nación, la familia y la tradición. Maurras propone la vuelta a una monarquía tradicional, hereditaria (aunque no por la sangre), antiparlamentaria y descentralizada (para evitar el crecimiento de un Estado republicano o socialista)[15]. Sin embargo, la monarquía que propone Maurras no se basa en reyes concretos con mandato divino, sino en la selección natural. El Rey es un funcionario de la nación, y al servicio de los intereses nacionales. Aquí, la idea de monarquía de Maurras se parece mucho, y hasta llega a explicar, la paradoja hobbesiana de un monarca absoluto elegido por hombres libres e iguales. Hobbes nos dice que: […] del pacto de cada hombre con cada hombre, como si todo hombre debiera decir a todo hombre: autorizo y abandono el derecho de gobernarme a mi mismo, a este hombre o asamblea de hombres, con la condición de que tu abandones el derecho a ello y autorices todas tus acción de manera semejante. Hecho esto la multiplicidad así unida en una persona se llama República, en latín Civitas. Ésta es la generación de un gran Leviatán o más bien (por hablar con mayor reverencia) de ese Dios mortal a quien debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y defensa”[16].
¿Por qué digo que explica la paradoja hobbesiana? Porque los hombres nacen libres y esa libertad —que exalta
§6. Los ultranacionalistas trazarán una analogía entre la nación y el cuerpo humano. Los nacionales son iguales entre sí en tanto y en cuanto son miembros del mismo cuerpo. Aquellos que son distintos son enemigos del cuerpo. Como resalté anteriormente, para el ultranacionalismo, la raza reemplaza al individuo, quien es de diferente raza no es parte del cuerpo y por lo tanto no es igual a los integrantes de éste.
El ultranacionalismo parió al racismo y al antisemitismo, durante el Siglo XIX se desarrollaron teorías pseudocientíficas para justificar la existencia de razas superiores e inferiores. Tal vez la más conocida sea el darwinismo social, pero fue Herbert Spencer, y no Darwin, quien acuñó la idea de la supervivencia de los más aptos; de la misma forma que el conde galo Arthur de Gobineau publicó su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas unos años antes de que Darwin publicara su obra en 1859[17].
El racismo sostiene la idea de que existe una raza blanca y pura (aria) superior a la amarilla, que no posee todas las características de la blanca, y finalmente la negra. Pero la idea de una raza pura traerá aparejado el antisemitismo pseudocientífico, diferente pero complementario del que había engendrado la iglesia católica al calificar a los judíos como el pueblo asesino de Dios. Los judíos eran considerados un pueblo que le rinde culto al demonio y odian a Dios; además, se mezclan con los blancos despurificando la raza. Los judíos serán considerados entonces como partes malignas de ese cuerpo que es la nación. Como si fueran el cáncer en el cuerpo humano, y, como enfermedad para el cuerpo, los racistas propondrán su eliminación.
§7. Todas estas ideas se concentrarán como agua en una olla a presión que hervirá hasta estallar en el Siglo XX. Hay quienes afirman que
Hacia fines del siglo XIX habían surgido seis formas de derecha: 1. Una derecha tradicionalista monárquica; 2. Programas para una reorganización socioeconómica y política corporativa; 3. Un autoritarismo neomonárquico como nacionalismo integral; 4. Nuevos programas de autoritarismo constitucional moderado o liberalismo autoritario; 5. Una nueva derecha autoritaria y modernizadora; 6. Nuevas doctrinas revolucionarias o semirrevolucionarias de nacional socialismo y nacional sindicalismo. Estas últimas dos son el preludio del fascismo, no estaban interesadas en el tradicionalismo, sino en el autoritarismo y la expansión imperialista gracias al potencial guerrero y revolucionario del nacionalismo. Todo esto en busca de una nueva sociedad futura y más evolucionada; de aquí surgirá la frase del italiano Giovanni Papini publicada en el periódico futurista Lacerba, “El futuro necesita sangre. Necesita víctimas humanas, matanzas. La guerra interior y la guerra exterior, revolución y conquista: esto es la historia… La sangre es el vino de los pueblos fuertes, y la sangre es el petróleo para las ruedas de esta gran maquina que vuela del pasado al futuro”. Esto fue publicado en 1913, un año antes de que estallara la primera guerra, y con palabras así llegando a toda la población no es extraño que la catástrofe se hiciera presente.
Entrado el Siglo XX se produjeron en todos los países europeos distintos movimientos derechistas muy importantes por su trascendencia, peor me limitaré a citar sólo uno que se produjo en Alemania porque es la síntesis, la condensación, de todas las ideas de derecha que se desarrollaron durante el Siglo XIX. Me refiero al Völkisch, término que se deriva de das volk (el pueblo). El Völkisch fue un movimiento romántico de un populismo cultural y filosófico; era de tono místico y abarcaba una especie de racionalismo muy abstracto divorciado del pensamiento analítico. El Völkisch apelaba a la unidad del pueblo pues era esencialmente ultranacionalista. Esta característica de unión y fraternidad caracterizará al fascismo, termino que viene del italiano fascio y deriva etimológicamente del latín fascis, del cual proviene la palabra castellana haz utilizada para mencionar el conjunto de algo—en el caso del fascismo, conjunto de nacionales iguales—. Por ser ultranacionalista era racista y antisemita.
Son interminables los ejemplos de distintos movimientos derechistas en el Siglo XX, pero valía la pena mencionar este porque: “En 1900 la cultura Völkisch era predominante en Alemania y sus zonas de influencia. El Estado derivó en objeto de culto para el nuevo nacionalismo, un Estado que ya no se legitimaba por la fuerza o el mandato divino, y menos por el consenso, sino por su identidad trascendente supraindividual. Aquí se encuentra el nuevo germen el totalitarismo contemporáneo, porque el poder ilimitado del nuevo estado ultranacionalista es mucho más poderoso que el premoderno, ya que va más allá de la negación de la individualidad y niega también la humanidad entera”[18]. El objetivo de este nuevo movimiento, y de todos los movimientos derechistas de las primeras dos décadas del Siglo XX, será eliminar
[1] ROTHBARD, Murray, Hacia una libertad. El manifiesto libertario, Grito Sagrado, Buenos Aires, 2005, p. 29.
[2] BOBBIO, Norberto, Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, Madrid, Taurus, 1995, p. 135.
[3] Ibídem, p. 144.
[4] Ibídem, p. 136.
[5] FURET, François y ERNST, Nolte, Fascismo y comunismo, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1999, p. 16.
[6] HOBSBAWN, Eric, Las revoluciones burguesas, Guadarrana, Madrid, 1971, p. 55.
[7] Ibídem, pp. 58/59.
[8] Ibídem, p. 59.
[9] Ibídem, p. 71.
[10] HABERMAS, Jürgen, Identidades nacionales y postnacionales, Madrid, Tecnos, 1989, p. 92/93.
[11] ANTON, Joan y MARCO, Esteban, “Pensamiento contrarrevolucionario (de Maistre a Maurras)”, en: ANTÓN, Joan, y otros, Ideologías y movimientos políticos contemporáneos, Tecnos, Madrid, 2006, p. 117.
[12] Ibídem, p. 118.
[13] Ibídem, p. 120.
[14] Ibídem, p. 125. (El subrayado me pertenece).
[15] Ibídem, p. 126.
[16] HOBBES , Thomas, Leviatán, Losada, Buenos Aires, 2003, p. 164.
[17] ANTON, Joan y MARCO, Esteban, “Pensamiento… cit., pp. 121/122.
[18] Ibídem, p. 127.
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